La santería y el catolicismo
conviven asombrosamente dándose la mano entre el pueblo cubano. A dos años de la visita
del Papa Juan Pablo II a "la tierra de Fidel", santos como Changó, Yemayá y
Ogún siguen siendo los máximos exponentes de la fe en este pueblo.

Catedral de la Habana, Cuba |
Muchos países del mundo pueden considerarse evangelizados, en Cuba el hueso ha sido
más duro de roer. Según el Párroco de la Catedral de la Habana, Rolando Cabrera, la
entrada de la Iglesia Católica a esta comunidad ha tenido que centrarse en pequeñas
victorias. Uno de estos logros fue la celebración de la Semana Santa en este lugar. Este
fue el segundo año que Cuba conmemoró la pasión y muerte de Jesús, tras 40 años de la
Revolución. Vía crucis y procesiones se llevaron a cabo sin una manifestación evidente
del pueblo. Tanto así, que el tradicional vía crucis de Viernes Santo se celebró dentro
de la Catedral, pues no estuvo permitido celebrarla en las afueras.
La Iglesia Católica en Cuba vive entre debates fundamentales. Por un lado está el
pulseo entre los intereses católicos, y por el otro la permanencia y el arraigo de las
prácticas santeras. Tras pocos años de presencia católica en esta Isla, es evidente que
los problemas que enfrentan con la ciudadanía, los cuales llevan casi medio siglo
viviendo un estilo de vida alejado por completo de las reglas y exigencias de la Iglesia.
Incluyendo aspectos que podrían resultar tan sencillos como la vestimenta utilizada para
ir a misa, es evidente el trabajo que cuesta a la Iglesia hacer entender que las reglas
dentro de la Iglesia son diferentes a las reglas fuera de esta.
A pesar de que el Viernes Santo fue un día normal de trabajo y escuela para los
cubanos, la Iglesia Católica puede preciarse de ser una de las pocas religiones aceptadas
en la hermana República. Prácticas como los Mormones, los Testigos de Jehová no son
autorizadas en este país.

En la Habana Vieja, Cuba |
Por eso, aunque sean cien feligreses en una procesión, es suficiente para llevarla a
cabo de la manera más digna posible. A las tres de la tarde, el Viernes Santo en la
Catedral de la Habana, había música en las afueras, y santeros ofreciendo echar las
cartas al mejor postor. Una mujer vestida de blanco y con un tabaco en la mano desafiaba a
la policía y al sacerdote con una mesa improvisada llena de cartas españolas y un vaso
con agua. A la menor provocación esta mujer proclamaba a los cuatro vientos sus creencias
y preferencias. Adentro de la empedrada catedral, el Padre Cabrera recordaba que Jesús
dio muchas enseñanzas entre curiosos y arrimados, y que de esta misma manera se llevaría
a cabo el vía crucis. Así, con un país que en su mayoría no parecía recordar o saber
nada de lo que allí adentro se profesaba, se terminaron las doce estaciones para los
adeptos, entre los que, por supuesto, había santeros.
Muchos seguidores de la santería en Cuba combinan exitosamente estas creencias con las
de la religión católica. Muchos incluso suelen tapar sus santos durante la Semana Mayor
para así no ofender ni a Dios, ni a los santos de su devoción.
Como en todas partes del mundo, las contradicciones en Cuba son evidentes. Sea como
sea, con santos o con la cruz, los cubanos reconocen que este país, la más grande de las
Antillas, es una tierra bendita. Ya sea por la Virgen de la Caridad o por Ochún, pero
bendita.
Fotos por Maricarmen Rivera |