"Dame
un pesito
mire que lo necesito para comer. Que le cuesta, ande dame un pesito. Un
peso nada más, sino lo tiene aquí lo acompaño a su hotel y me da un pesito y un poco de
jabón, y hasta ropa. Por favor
" Bajar a la Habana a cualquier hora y cualquier
día de la semana implica escuchar esta canción más de una vez y de más de
una persona. Niños, ancianos y adultos buscan la mejor manera que puedan para conseguir
del turista el necesitado pesito.Muchos cubanos tienen la dicha de poder
vivir de sus empleos, sin embargo, una gran mayoría vive del que consigue fuera de su
sueldo. En el sector turístico de la Habana es pan de cada día encontrar gente pidiendo,
de a manera más hábil posible, lo que el turista tenga a bien darle. La situación
económica en Cuba no esta en su mejor momento, tanto así que un dólar americano
significan 20 pesos cubanos. En esta circunstancia entonces no es de extrañar que muchos
cubanos se tiren a la calle día a día para conseguir un pesito o alguna ayuda del
turista.
Los cubanos, son personas muy hábiles, y han buscado la forma de ganarse el dinero,
fuera de los empleos oficiales otorgados por el gobierno. Entre las profesiones más
famosas está la venta de habanos. El que más o el que menos, cualquier
turista que vaya a Cuba conoce la fama de los cigarros de esta tierra. Una caja de los
mejores puros en una fábrica puede costar miles de dólares. En la calle, puede costar a
penas 20. Claro está, queda la duda de si se trata o no de habanos reales. Los cubanos
que se dedican a este negocio mantienen en sus casas cajas bien guardadas de este producto
y salen a la calle a ofrecer en voz baja su producto a los turistas. Este tipo de negocio
no es permitido por el gobierno cubano, por lo cual se hace en la más estricta
confidencia y alejados de la policía que está muy atenta a este tipo de transacciones.
Lo peros es que los cubanos se juegan la peor de las cartas, pues para el turista esta
transacción no está prohibida, pero al cubano, la movida le puede costar muy cara. Aún
así, se trata de un comercio organizado donde todo el cubano que se dedique a vender
cigarros tiene una historia que valida su producto como genuino. Todo vendedor de habanos
que se respete a sí mismo tiene un primo que trabaja en una fábrica y saca el producto a
escondidas o tiene una hermana que logra sacar las mejores hojas de tabaco de la fábrica,
pero invariablemente todos asegura tener los habanos de mejor calidad acabados de salir de
la mejor fábrica de la ciudad.
Mientras éste es el negocio de muchos, otros se las han arreglado para crear los
llamados ciclotaxis. Se trata e bicicletas arregladas con dos asientos y con
un toldo, que por un módico precio llevan al turista a recorrer los lugares más
importantes de la capital. Otro negocio, este bastante lucrativo, lo son los paladares. Se
trata de restaurantes creados en las casas cubanas. Estos restaurantes son permitidos por
el gobierno, siempre y cuando no tengan más de doce sillas para los comensales. Sin
embargo, siempre encuentran la manera de poner más de doce sillas. En estos paladares se
puede probar la verdadera cocina cubana, y con poco dinero se comen los mejores mariscos
de la ciudad.
El negocio más antiguo del mundo también está presente en Cuba. Las llamadas
jineteras son bastante conocidas y solicitadas en Cuba. No es raro encontrarse
hombres bastante mayores y extranjeros acompañados por jóvenes cubanas que han
encontrado en este servicio la mejor manera de vivir. En las calles el ofrecimiento de
jineteras no es tan evidente, pero sí han desarrollado una manera muy sutil de acercarse
al turista. Incluso, muchos hoteles tienen cuartos llenos con mujeres dispuestas a dar una
noche de amor y sexo incondicional por cuarenta dólares.
Para los cubanos es fundamental hacer lo imposible por conseguir el dólar americano
por el hecho de que, irónicamente, muchas de las cosas que necesitan, no se las venden si
llevan el peso cubano. Muchas tiendas y muchos servicios tienen que ser pagados con dinero
americano, lo que hace el peso cubano una especie de accesorio que les sirve, en el mejor
de los casos, para conseguir alguna comida en los colmados.
Así, entre habanos robados, comida casera, jineteras y taxistas, viven los cubanos,
saliendo día a día de sus casas pensando como conseguirán el peso ese día, y si al
final de la jornada, no hay suficiente para llevar comida a la casa, no queda otra que dar
rienda suelta a la labia y tratar de convencer a los turistas de que echen un pesito;
¡Avemaría, que la cosa está dura, y se está poniendo peor
!
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