Mérida-t'hó (Yucatán, México): Paisaje con identidad

Por María Teresa Mézquita Méndez y Josep Ligorred

Primera Capital Americana de la Cultura  

Por primera vez en la historia, una ciudad de alguno de los 35 países de América ha recibido la designación anual de Capital Americana de la Cultura, iniciativa que cuenta con el apoyo y colaboración de la Organización de los Estados Americanos y pretende ser una herramienta para un mayor conocimiento y cohesión entre los pueblos de América, así como proyectar la cultura de América hacia el resto del mundo. La capitalidad cultural de Mérida estará en vigor durante todo el año 2000.


Casa de Montejo - ventana
Una ventana en la casa de Francisco de Montejo, fundador de Mérida, edificada hacia 1549 y uno de los más importantes monumentos civiles de la Nueva España.

Al sobrevolar la gran planicie de la península de Yucatán, en el sudeste tropical de México y en el corazón del continente americano, desde el cielo se vislumbra un mar de selva. Es la tierra de los antiguos dioses mayas: Kin, el Sol, y Chac, la Lluvia. Desde que se abren las puertas del avión en el aeropuerto internacional de Mérida, nos envuelve el aire caliente de estas tierras situadas entre el mar Caribe y el golfo de México, lleno de olores de los condimentos y de mil flores y frutas tropicales. Conocida como "la ciudad blanca" por el tradicional color que solía cubrir sus fachadas, Mérida es una vieja capital con una gran población autóctona y con profundas raíces culturales. Es la ciudad cosmopolita del Mayab, el mundo maya, y el punto estratégico de entrada en el continente, en la América profunda y en la América latina.

El peculiar suelo sobre el que ha crecido es carente de ríos en la superficie, pero rico en el subsuelo de mantos acuíferos que disuelven poco a poco las rocas calizas formando cavernas o grutas. A veces, en el fondo de éstas se acumula agua, con lo que se forman los cenotes, cuyo nombre proviene de la palabra maya tz'ono'ot que significa "pozo", abiertos a la superficie o escondidos en el interior de las grutas.

Un poco de historia


Casa de las Siete Muñecas,
Dzibilchaltún (monumento maya), observatorio maya, recibió su nombre de las siete figurillas encontradas en su interior. El templo, construido a principios del Clásico Tardío en Dzibilchaltún, dentro del área municipal de Mérida, era utilizado para registrar el movimiento solar.

Mérida es la décima ciudad más antigua de México. Su historia se remonta a tiempos prehispánicos, cuando la ciudad maya de T'ho, también conocida como la Ichcaanzihó o "tierra de los grandes sihoes", fue fundada, hacia el año 1240, por el cacique itzá Ah-Chan-Caan. Cuando los españoles llegaron a Yucatán, a mediados del siglo XVI, ya no había gran actividad desarrollada en esa zona, así que sólo se encontraron con los vestigios de aquella antigua ciudad maya. Un día histórico fue el 6 de enero de 1542, cuando don Francisco de Montejo y León "El Mozo" fundó en las ruinas de T'ho la nueva ciudad. Se cuenta que un soldado suyo, de nombre Francisco de Almaraz, fue quien sugirió al fundador el nombre de Mérida para la ciudad, al recordarle los vestigios romanos de la Mérida española, la antigua Emérita Augusta de la Hispania Romana.

La recién fundada ciudad fue entonces trazada "a cordel", formando líneas y ángulos rectos con sus calles, según el modelo hispano convencional, con una plaza de armas al centro rodeada por los principales edificios públicos, incluyendo la Catedral, la primera de América construida en tierra firme. Estos edificios fueron levantados con las piedras de las ruinas de la T'ho maya, que sirvieron de material de construcción al puñado de vecinos españoles que comenzaban a habitar la ciudad y que aún se pueden ver en algunos edificios del centro histórico de la ciudad. Además, por doquier se levantaron también casas de barro y paja cubiertas con techo de palma que dieron seguramente un aspecto rural y campesino a aquella Mérida primitiva.


Puerta iglesia
Entrada de una de las pequeñas iglesias de la ciudad de Mérida.

Independizada junto con Yucatán el 15 de septiembre de 1821, Mérida vivió una etapa de peculiar esplendor durante el llamado auge de la fibra del henequén u "oro verde" cuando, en los últimos años del siglo XIX, las antiguas haciendas originalmente azucareras, maiceras y ganaderas descubrieron el potencial del agave conocido como henequén, cuya resistencia lo convierte en materia prima ideal para producir una resistente y versátil fibra natural. Esta explotación trajo gran riqueza y esplendor económico a Yucatán, por lo cual durante los últimos años del siglo XIX y aún a principios del XX Mérida creció notoriamente, se "europeizó" y dejó de tener calles polvorientas y edificios descuidados para ceder el paso a mansiones lujosas, edificios religiosos y otras construcciones que todavía reflejan los tiempos de boato y gloria en los que fueron levantados.

Pasado el auge henequenero, la vida meridana volvió a su tranquilidad provinciana. Moderadamente, creció como una ciudad pequeña y pintoresca sin mayores aspiraciones de universalidad. Encaminada hacia su medio milenio de vida y recién traspasados los umbrales del siglo XXI, Mérida continúa creciendo vigorosamente. Si por un lado conserva su trazo y tendencia a la horizontalidad, por el otro recibe con dignidad modernas construcciones, edificios de negocios, centros de convenciones, hoteles y grandes avenidas y urbanizaciones que la convierten en una de las ciudades con mayor proyección del país en los últimos años.

Aunque tiene casi 800.000 habitantes, Mérida tiene un sorprendente crecimiento horizontal, las construcciones no suelen pasar de los dos pisos, y las casas tienen un gran patio. Gracias al hecho de que el territorio urbano es muy llano, las calles están numeradas y es fácil encontrar direcciones. Pero, en el centro histórico se conservan en muchas esquinas unas placas con dibujos y el nombre del barrio, por ejemplo "la iguana", "el oso", "el Sol", "las dos caras" o "el boxeador". El nombre de la esquina es la referencia muchas veces para la gente: el autobús sale de la equina del "venadito", o bien uno vive cerca del "cocoyol".

La faz urbana


Palacio Cantón - plano general
El Palacio Cantón, una espléndida mansión de la Mérida decimonónica, atesora hoy magníficas muestras de la antigua cultura maya.

La ciudad de Mérida conserva sobre la faz urbana diferentes acentos de carácter propios de cada zona. El centro es más austero y sereno, de sabor colonial y reservado. En los límites del centro histórico comienzan a asomar grandes avenidas, como la Avenida Colón o el Paseo de Montejo, cuyas mansiones afrancesadas de finales del siglo XIX brindan a la ciudad un carácter señorial y distinguido. Una de estas mansiones es el palacio Cantón, que alberga una completa colección de obras de arte de los antiguos mayas. En los extremos del norte, el oriente y el poniente, la ciudad se muestra como una urbe progresista digna del siglo XXI, con sus grandes hoteles majestuosos, barrios residenciales y grandes centros comerciales, cines modernos, salas de exposiciones, almacenes y el "Siglo XXI", Centro de Convenciones recién estrenado. De camino hacia el puerto de Progreso, a unos 30 kilómetros, hay clubes hípicos, un gran campo de golf y un moderno polígono industrial.

En el Paseo de Montejo hay un monumento de reciente construcción que merece especial atención: el Monumento a la Patria, notable escultura de piedra de grandes dimensiones, obra cumbre del escultor Rómulo Rozo. La obra, que se inauguró en 1956, incluye los escudos de los estados de la República y en sus muros están representados importantes personajes de la historia de México.


Catedral
Vista de la Catedral de Mérida, la primera catedral de las Américas construida en tierra firme y mejor ejemplo de la arquitectura religiosa yucatanense. La Catedral data de principios del siglo XVI y está ubicada en la Plaza Grande de Mérida.

En el corazón de la ciudad se encuentra la Plaza Grande o Plaza de armas y alrededor de ella se levantan cinco de los edificios meridanos más importantes: la Catedral de San Ildefonso, edificada entre 1561 y 1598, la Casa de Montejo, construida entre 1543 y 1549 por el fundador de Mérida Francisco de Montejo "El Mozo" y con una preciosa fachada, la única joya de la arquitectura civil plateresca existente en todo México, el palacio Municipal, erguido sobre los restos de la antigua T'ho y cuya fachada data de la última remodelación del año 1928, el Palacio del Gobierno de Yucatán, de evidentes líneas neoclásicas y que alberga una colección de murales realizados por el pintor yucateco Fernando Castro Pacheco, y, finalmente, el antiguo Palacio Arzobispal, hoy museo de arte contemporáneo. En una de las esquinas de la Plaza Grande se encuentra el Olimpo, el modernísimo Centro Cultural municipal, que ofrece diariamente exposiciones, conferencias, conciertos, obras teatrales, reuniones, hasta un planetario a punto de estrenarse...

No lejos de ahí se encuentra el antiguo edificio colonial, sede de la Universidad Autónoma de Yucatán, construido en 1711, así como el elegante y renacentista Teatro José Peón Contreras, que data de 1908 y fue rescatado del abandono en la década de los años 70 y reinaugurado en 1981. Uno de los principales atractivos de Mérida es su posición céntrica, que la convierte en punto de partida para conocer las playas del Caribe, desde el puerto de Progreso hasta el luxo de Cancún o las cabañas de Tulum, las ruinas de Uxmal, Mayapán o Chichén Itzá, la mayor y la más impactante de las ciudades mayas de la península cuyo nombre mitológico significa "la ciudad de los brujos del agua", las ciudades coloniales de Valladolid y de Campeche, refugio de piratas y paraíso de pescadores, los conventos franciscanos de Izamal o de Maní, el santuario de flamencos de Celestún o la Reserva de la Biosfera de Sian Ka'an.

En pleno municipio de Mérida, a apenas quince minutos de la ciudad, se encuentra Dzibilchaltún, antigua ciudad prehispánica cuyo nombre significa "lugar donde hay escritura sobre las piedras" o "donde hay escritura en las piedras planas". Esta urbe maya, que existió desde el año 500 a.C. hasta el año 1500 de nuestra era, es una de las más antiguas de la zona maya. Entre sus monumentos destaca la Casa de las Siete Muñecas, donde cada equinoccio, los días 21 de marzo y septiembre, se puede apreciar el fenómeno equinoccial del ascenso del sol a través de las puertas del monumento.

El meridiano
Saber que el meridano todavía conserva el carácter apacible de la provincia no es lo mismo que llegar a conocerlo. Alegre, pacífico y hospitalario, el habitante de la ciudad no necesita ser advertido sobre la importancia de tratar bien al turista: éste siempre se va satisfecho con el trato recibido por los habitantes de la ciudad.


Mestizas
El traje de la mestiza, terno, de algodón, lino o seda blanca, está ricamente bordado de punto de cruz y de colores vistosos, y se lleva con un rebozo y zapatillas blancas, rosarios de filigrana o coral y una soguilla, cadena de oro, con su medalla. Los aretes también son de filigrana y coral y un hermoso lazo adorna el pelo recogido. Las alhajas constituyeron para la mestiza su ahorro y su independencia económica

Muchas mujeres aún visten el huipil, el traje típico de mestiza, bordado de vivos colores. También, muchos hombres, incluso ejecutivos, llevan la guayabera, una camisa de herencia caribeña hecha de lino o algodón, muy generalizada en los países centroamericanos y, por supuesto, del Caribe. Resultado principalmente de la mezcla de español y maya, aunque también ha habido inmigraciones provenientes de China, Corea y, básicamente, del Líbano, los yucatecos son un buen ejemplo del mestizo americano. Los rasgos híbridos de sus rostros muestran la presencia indudable de la raza maya y la sangre española.

En Mérida, como en todo Yucatán y México, se habla español. Sin embargo, en los pequeños pueblos de los alrededores de la ciudad, donde muchas casas aún tienen las paredes de piedra o de troncos y barro, cubiertas de un tejado de hojas de palmera, la gente sigue hablando en la lengua maya, que ocasionalmente nos puede sorprender también entre las vendedoras y vendedores del mercado. Sin embargo, en el habla usual del yucateco sí es frecuente el uso de palabras mayas que dan a las conversaciones de la región riqueza, carácter y una especial gracia.

Gastronomía yucateca


Frutas tropicales
Las frutas tropicales - ciricote, papaya, nance, mango, tamarindo, naranja agria... - son la parte imprescindible de la rica gastronomía yucateca.

Rica, variada y muy condimentada, la gastronomía yucateca no es sólo un halago al paladar, sino también a la vista, y al mismo tiempo un homenaje al mestizaje, ya que en los platos típicos no sólo hay huellas del pasado indígena, cuyos ingredientes ocupan todavía un lugar preponderante, sino también se han adaptado, con castiza elegancia, los sabores y materias primas de la gastronomía europea y caribeña, lo que ha dado lugar a un menú peculiar, variado y lleno de sabor. Especial mención merecen las frutas, como la anona, la ciruela o la guayaba de las que todavía disfrutan los yucatecos de hoy, como lo hicieron sus antepasados mayas.

En la costa están los sabores del mar: el ceviche, el rico tikinxik de mero o el esmedregal, aderezado con achiote y acompañado de verduras, la cerveza, los chiles xcatic o "güeros" y la naranja agria. También hay apetitosos cócteles de camarón, ostión, caracol "chivita", pulpo y calamar. El más famoso de éstos es el "vuelve a la vida", que tiene de todo y es realmente un "levanta muertos".

Al mediodía conviene ir a algún bar a probar las tapas o "botanas" que, cuando uno pide una cerveza bien fría, los anfitriones te obsequian y te las ponen siempre delante. En toda la península están extendidos los ricos antojitos, por ejemplo los panuchos, que son tortillas con ollejo, rellenas de frijol negro seco, que llevan encima lechuga picada, tomate crudo, pollo deshebrado y chile jalapeño. También son muy sabrosos los papadzules, cuyo principal ingrediente es la pepita (semilla de calabaza) o los taquitos de tortillas de maíz, que en el interior llevan huevo duro picadito y se remojan luego en salsa de pepita y se bañan con la misma, adornadas con más pepita molida y chiltomate.

Quizá el mejor ejemplo de la comida mestiza sea el queso relleno, una bola de queso holandés rellena con carne de cerdo molida finamente y aderezada con aceitunas y alcaparras. El poc-chuc, a su vez, es un elegante guiso de cerdo cocido a la plancha, acompañado con tomate y cebolla morada asados a las brasas. La tradición dicta que se acompañe de frijoles negros colados.

La famosa cochinita pibil en tacos o tortas no necesita mayor presentación: rica y suave carne de cerdo adobada y envuelta en hojas de plátano, horneada - al modo tradicional - bajo tierra, en una lata especial, en la que permanece enterrada durante varias horas. El aderezo ideal es la cebolla picada con jugo de naranja agria y chile molido. Y para que no falten las aves, una sabrosa y nutritiva comida es la sopa de lima que consiste en un caldo con trozos de pechuga de pollo, acompañado con tiritas de tortillas fritas y una rebanada de lima que le da un toque de especial sabor. Por supuesto que todo este repertorio gastronómico se puede acompañar también del rico chile habanero, "santo y seña" de la comida yucateca.

Y un párrafo más para hablar de los postres. Por un lado están las antiguas recetas caseras de frutas almibaradas como papaya, ciricote y nancen; por el otro, los dulces típicos como los zapotitos o frutas de pepita, la melcocha de miel y huevo, y las piñonatas de coco y pepita; y, finalmente, la herencia europea, vertida en exquisitas versiones de la repostería internacional, como los dulces de almendra, la torta de cielo, los pasteles o "cakes", los merengues y el helado de vainilla antigua o "mantecado". Y, para acabar, una copita de anís xtabentún.

Mérida vive el año 2000


Detalle de la fachada del Ateneo Peninsular
Actual Museo del Arte Contemporáneo, se encuentra en una de las esquinas de la Plaza Grande o Plaza de las Armas de Mérida. Otros edificios importantes en la Plaza Grande son la Catedral, el Palacio Municipal, la Casa de Francisco de Montejo, fundador de Mérida, y el Palacio de Gobierno.

Mérida vive el año 2000 en una fiesta continua. La ciudad ha acogido la capitalidad cultural americana con el orgullo de vivirla. Mérida tiene una oferta cultural permanente, entretenimiento gratuito y numerosas actividades por hacer. Es la ciudad-festival por antonomasia, fiesta urbana en su máxima expresión, todos los días todo el día, claro, sin detener el funcionamiento lógico de toda urbe normal.

Así, desde el lunes hasta el domingo, a toda hora y para todos los públicos, los teatros y escenarios, plazas y galerías meridanos ofrecen innumerables espectáculos y eventos, gratuitos en su mayoría: desde música folclórica hasta internacional, funciones de danza clásica, jazz, teatro contemporáneo y clásico, conciertos juveniles, conferencias, congresos, desfiles, paradas, ferias de libros, exposiciones plásticas de artistas internacionales, eventos deportivos, marchas y peregrinaciones religiosas, concursos literarios y artísticos, presentaciones de libros y otras ediciones especiales con motivo del año de la capitalidad. En total, la suma es impresionante: Mérida espera alcanzar antes de finales del año 2000 y término de su capitalidad cultural la imponente cifra de tres mil eventos culturales, y además dejar en la fisonomía e historia urbana huella permanente del paso de esta capitalidad.


Palacio del Ayuntamiento
El Gobierno Municipal de Mérida se halla ubicado en uno de los palacios coloniales más representativos del centro histórico de la ciudad.

Los domingos por la noche en la Plaza Grande hay una gran fiesta. Se pueden comprar artesanías y regalos o probar platos típicos. No falta la música, y la gente pasea tranquilamente por las calles cerradas al tráfico de vehículos. Los tríos de trovadores esperan en la Plaza Grande a algún romántico enamorado para acompañarlo a casa de su novia y cantarle bellas canciones de amor. Son típicas las serenatas, como las veladas de los jueves por la noche en la Plaza de Santa Lucía, y los yucatecos son amantes de las canciones de amor. Yucatán es un pueblo con excelentes músicos, compositores y cantantes: Armando Manzanero es su exponente actual más conocido.

Mérida es una ciudad con un gran patrimonio cultural, aunque una buena parte de su riqueza arquitectónica prehispánica, colonial y contemporánea se ha perdido por falta de protección y de gestión oficial. Mérida fue y sigue siendo una capital para el Mayab y para todo el continente americano, un gran pueblo con un paisaje y un especial sentido de identidad.

Para los mayas modernos, sigue siendo, con prestigio, T'ho, y al mismo tiempo, para los descendientes de los blancos, Mérida no pierde aún aquel rancio orgullo colonial. Es una ciudad rica y viva, con encantos exóticos y excitantes, de profundos contrastes, es ciudad blanca, verde y azul, es ciudad que encanta y que nos roba el corazón a cada instante. Así es la Capital Americana de la Cultura 2000.

 

Información relacionada:
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