El mar de los caribes

por Yelena M. Rivera Vale
Si eres de Puerto Rico, Curazao, Jamaica o Granada eres caribeño y antillano, si eres de Baranquilla, Colombia, de Puerto Limón en Costa Rica o de la Isla de Cozumel que es parte de la nación mexicana, eres caribeño pero no antillano. El gentilicio antillano es pues, propio únicamente para aquellas procedentes de las islas que forman parte del archipiélago de las Antillas Mayores y Menores. Por otro lado, el gentilicio de caribeño es para aquellos que proceden de los pueblos, ciudades e islas que se encuentran en el área del Mar Caribe. Claro está, no hay que ser isleño para ser caribeño, aunque para ser antillano es un requisito dado el ser isleño. Sin embargo, en un momento dado el Mar Caribe se llamaba Mar de las Antillas y esa es nuestra historia.

Si buscamos diversas fuentes, tanto de libros como de mapas, podemos encontrarnos con algunos que identifican el área que designamos Mar Caribe como el mar de las Antillas. Nos dice J. L. Vivas Maldonado, en su libro Historia de Puerto Rico y citamos: "Este nombre [el de mar de las Antillas], hoy de pura relación poética surgió de la palabra Antilia, nombre que significa anterior y que se le dio a una isla fabulosa «la de las siete ciudades» que se representaba en muchos portulanos [colección de planos de varios puertos, encuadernados en forma de atlas] de la Edad Media. No aparece la palabra Antillas en todos los primeros mapas de América, pero en el portugués de Alberto Cantino se escribía Antilhas del Rey de Castilla, y ya para mediados del siglo XVI comienza a designársele como mar de las Antillas."

Pero el nombre oficial es el Mar Caribe, nombre que sin duda alude directamente a un grupo de antiguos habitantes del área de las Antillas, los caribes. Visto desde este ángulo, puede parecer algo paradójico que precisamente aquellos que fueron considerados los principales enemigos de los taínos, fueran los que finalmente dieran nombre a estas aguas. Está claro que los taínos sabían que los caribes llegaban desde el sur de las Antillas y no del norte, lo que hoy se conoce como el Océano Atlántico, por lo tanto, ese era el ‘mar de los caribes’.

A pesar de ser considerados los antagonistas de la historia protagonizada por los taínos y por la que más tarde protagonizaran los conquistadores, que ultimadamente oficializaron el nombre de Mar Caribe, los caribes dejaron una huella profunda meritoria del honor del recuerdo. Sin embargo, este recuerdo no está exento de olvidos y de ambiguedades pues si poco sabemos de los taínos menos sabemos de los caribes. La escasa información que tenemos a nuestra disposición proviene de recuentos, cartas, informes, bitácoras de viaje y otros tipos de documentos incidentales, todos desde el punto de vista del visitante, del que llegó a conquistar, evangelizar, a tomar posesión de este ‘nuevo mundo’ (al menos para el europeo).

Es obvio que la información histórica está plagada de prejuicios, medias verdades, planteamientos moralistas e ignorancia. Para bien o para mal, aunque el observador intentara ser imparcial, su visión de los hechos nunca podía separarse de su propia realidad. En el caso de los europeos en las Antillas, era una historia contada desde una cultura diferente, desde una visión ajena a la mirada del nativo. De lo que se ha dicho podemos ponerlo todo en tela de juicio, estamos en nuestro derecho, si la historia misma ha probado que su certeza depende de cuan certeros podemos ser los que la contamos, los seres humanos. Pero, aunque lo pongamos en duda, tenemos que conocer la historia y lo que se ha dicho de los caribes.

Un dato que debe quedar muy claro, los caribes eran de la misma raza que la de los taínos pero, por razones imprecisas llegaron a dividirse en dos grupos irreconciliables. Los caribes se asentaron en las islas de barlovento y hacia el 1492 dominaban las Antillas Menores y tenían asentamientos en Vieques, las Islas Vírgenes y probablemente en el este de Puerto Rico. La mayoría de los historiadores afirman que los caribes eran caníbales y que para saciar su sed de sangre y de guerra atacaban a los taínos, habitantes de las otras islas que incluía a Puerto Rico (Boriquén, en aquel entonces). Es precisamente en el canibalismo y la navegación que se distinguen los caribes a los taínos, ya que en el resto de su estructura social y cultural eran similares.

También, los caribes fueron los que con más ardor y tenacidad se enfrentaron a los conquistadores europeos. Su lucha los llevó a replegarse, abandonando el territorio que ya habían reclamado como suyo ante los taínos. Esta lucha duró por años, incluso siglos, y fue llevada a cabo por los bravos descendientes de los caribes. Los caribes se fueron apagando, aunque su llama se mantuvo ardiendo cuando la de los taínos era sólo un recuerdo, como nos señala Salvador Brau en Historia de Puerto Rico y cito: "A fines del siglo XVIII, luchaban [los caribes] aún en vano contra los ingleses, en la isla de San Vicente, los últimos representantes de aquella raza desdichada."

La lucha, la resistencia, las leyendas, las historias de canibalismo y de implacables guerreros, rodearon a los caribes de un aura de horror y fascinación que sedujo a los europeos. Fue así como el mar que cobijaba a los caribes se convirtió en su mar, en documentos, cartas marinas y relaciones, hasta convertirse simple y llanamente en el Mar Caribe. Así, de cierta forma se hizo justicia con el pueblo caribe. Y aunque los taínos no han dado su nombre al mar, nombraron con su lenguaje, nuestros ríos, nuestros pueblos, plantas y montañas, nos dejaron sus petroglifos y centros ceremoniales, y relatos de su historia pacífica en un sinfin de asentamientos que se hacen presentes por sorpresa, a veces sin buscarlos o cuando ya nos hemos cansado de buscarlos. De sus enemigos naturales, los caribes, tenemos un recuerdo nublado por el rechazo a su comportamiento violento que tanto dolor causó a los taínos, pero que de cierta forma cumplía con un designio del destino, porque en la naturaleza siempre existe el depredador y la presa. El enemigo antinatural vino después, pero eso es otra historia.

Los siguientes libros fueron consultados por la autora:
Brau, Salvador: Historia de Puerto Rico. Río Piedras, PR: Editorial Edil, 1983.
Phelps de Córdova, Loretta: Five Centuries in Puerto Rico. San Juan, PR: Publishing Resources, 1993.
Vivas Maldonado, J.L: Historia de Puerto Rico: República Dominicana, 1974

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