ara
los seguidores de la música tropical resulta evidente que la música
típica de Cuba está en boga. Al comienzo de este siglo 21 nos
encontramos con el éxito comercial del conglomerado de músicos Buena
Vista Social Club, apoyado por un filme documental sobre ese proyecto. A
raíz de este, se lanzan discos y giras de artistas como Ibrahim Ferrer,
Compay Segundo, y Eliades Ochoa, resultando todo esto en nominaciones a
los premios Grammy.
El éxito de la música del hermano país de Cuba tan sólo debiera
causar alegría por estos lares, si no fuera por la "guerra"
que ya comienza a batallarse en los medios impresos. A continuación,
una muestra de las municiones verbales entre bandos.
Según un artículo publicado en el Boston Globe el pasado 21 de
enero, la "fiebre" por las bandas cubanas comienza a afectar
la popularidad de las 'leyendas salseras' en Nueva York, y algunos
músicos cubanos tildan la Salsa como un 'mero sustituto de la verdadera
música'. A eso, el judíoamericano Larry Harlow, pianista estrella del
sello Fania, indica sin ambivalencia alguna, que "si no fuese por
la Salsa nadie sabría lo que es la música cubana", y remata:
"lo que ellos tocan es la misma música de 1950".
El 6 de enero, un periódico de San Juan reseñó el primer libro
especializado en jazz latino en salir al mercado: Diccionario de Jazz
Latino, por Nat Chediak. Como parte de la introducción del libro,
Chediak señala: "La vasta mayoría del jazz latino es afrocubano.
Debe denominarse y ser reconocido de esa manera. En el mejor de los
casos, la Salsa es el encuentro neoyorquino de la música cubana con las
nuevas sonoridades de los sesenta. En el peor, como dice Cabrera
Infante, es música cubana mal tocada". Al distinguido escritor,
que como crítico musical es muy buen literato, se le podría responder
que la Salsa de Miami, a lo Willy Chirino, es Salsa mal tocada.
Para culminar, aparece un artículo titulado, cínicamente, "Y
después que le pongan salsa", publicado el 15 de enero en la
versión cibernética del diario habanero, Granma, y escrito por Pedro
de la Hoz. En el mismo, de la Hoz celebra con entendible orgullo la
nominación de discos de artistas cubanos a los Premios Grammy 1999, y
para realzar la supremacía de la música cubana, señala que "el
venezolano Oscar D'León proclamó públicamente su deuda con Benny
Moré", (claro, y los intereses que se los pague a Ismael Rivera, a
quien Moré declaró El Sonero Mayor) "y el singular timbalero Tito
Puente ha llegado a afirmar, con jocoso tremendismo, que 'el día que se
acabe el bloqueo, muchos de nosotros tendremos que ir a la
escuela'." Antes, Puente debe ir a un seminario de autoestima.
El comentario de Puente representa la médula de esta discusión: el
concebir a Cuba como "escuela" de la cual todos en el Caribe y
Latinoamérica seremos eternos estudiantes. Claramente, el conflicto
consiste en dos visiones de la música tropical: la escuela de lo
afrocubano, en la cual se define todo ritmo tropical como patrimonio
cubano vs. la escuela de lo afrocaribeño, la cual entiende que, dada la
participación de las distintas nacionalidades caribeñas en la
creación, desarrollo y difusión de estos ritmos, es más justo
referirse a ellos como afrocaribeños (o tal vez, afroantillanos).
La controversia se presta para analizar las razones por las cuales
predomina la visión afrocubana en torno a los ritmos tropicales.
Consultando al profesor Elmer González, quien dicta el curso de
Apreciación de Ritmos Afroantillanos, en la Universidad del Sagrado
Corazón, este señala los tres puntos a tomar en consideración a la
hora de adjudicarle nacionalidad a un ritmo o género musical: el origen
geográfico, el desarrollo y la difusión del mismo. Y en esos últimos
dos factores inciden las personas (músicos) que participan en dicha
evolución. "Se dice que el bolero nació en Cuba, pero la historia
del bolero se puede dividir en dos épocas: antes y después del trío
Los Panchos. Se dice que este trío es mexicano, pero se formó en Nueva
York y su primera voz era puertorriqueño", señala González.
"Ahí ves la internacionalización de un ritmo que cuando se habla
de su origen se dice que nació en Cuba, pero el bolero no es cubano.
Evolucionó en México, Puerto Rico y es de Latinoamérica".
Muchas veces, se resalta el origen del ritmo, pero la letra también
sirve de parámetro: "tomemos un bolero con una letra tan boricua
como "El Jibarito" de Rafael Hernández. Porque sea en ritmo
de bolero no se puede decir que sea una canción cubana. Actualmente,
dentro del cancionero de Cuba, se tiene a "Chachita" y
"El Cumbanchero", de Rafael Hernández como clásicos del
repertorio cubano, lo cual demuestra el fuerte intercambio
musical".
Resulta innegable que Cuba, a principios del siglo 20, gozaba de unas
condiciones (como la gran actividad artística propiciada por las
numerosas estaciones de radio establecidas entre los años '20 y '30)
que la convirtieron en la meca musical del Caribe. De ahí que los
ritmos que se originaban allí, contaran con gran difusión, y esas
influencias llegaran a músicos de otros países. Pero no permanecían
intactos. Por ejemplo, existe la guaracha cubana, y también nuestra
guaracha jíbara: "es que se tomaban unas referencias musicales (de
Cuba), pero a base de esas referencias, cada músico le ponía lo suyo
de acuerdo a la región donde estaba y sus particularidades
sociales". Es sabido también que en los primeros años del 1900 ya
existían cuartetos puertorriqueños tocando Son, lo cual apunta a un
desarrollo paralelo en términos de época, con lo que pasaba en Cuba,
pero como ya
dijéramos, lo que se tocaba en Puerto Rico no gozaba de la misma
difusión que lo cubano. Mas, si se toma en cuenta que ya en los años
'30 Nueva York era centro del
desarrollo de la música latina, que la participación de músicos y
autores puertorriqueños era numerosa (el 90 porciento de los latinos
residentes en NY eran boricuas), resulta innegable la vinculación
cubano-boricua en la evolución de los ritmos latinos.
Sobre el señalamiento de Chediak de llamar al jazz latino, jazz
afrocubano, González entiende que "la confusión viene porque la
primera fusión del jazz fue con música cubana, y se le denomina Cubop,
pero hubo otras fusiones como la del jazz con la música brasileña, que
fue denominada Bossa Nova. Y eso es jazz brasileño". Trabajos
recientes fusionan el jazz con la plena y la bomba, y un disco como
"Time Machine" (1974) de Rafael Cortijo, fue una fusión del
jazz con ritmos afroborinqueños, por continuar el uso del vocabablo.
"El jazz afrocubano es la mayor vertiente del jazz latino, pero no
la única". Entonces, pretender que el jazz latino sea
"denominado y reconocido" como jazz afrocubano es negar la
participación de ritmos y músicos de otras nacionalidades latinas y
caribeñas.
Resulta abrumadora la cantidad de libros de investigación musical,
que perpetúan la supremacía de lo afrocubano, y los mismos se
convierten en fuentes de referencia para periodistas musicales del
mundo, en especial de los medios estadounidenses.
¿Será que los puertorriqueños no hemos sido diligentes en
documentar nuestra historia y evolución musical? "Eso es 100
porciento correcto. Los cubanos han desmenuzado la historia de cada
región de Cuba, en el ámbito musical, y la han documentado. ¡Hay
bibliotecas enteras de artículos y discos que documentan la música
desde los tiempos de la esclavitud! Eso no lo tenemos en Puerto
Rico". ¿Se debe esto a la falta de subsidio del Gobierno para
sustentar este tipo de investigación? La respuesta es triste: "no
sólo es que falte apoyo gubernamental para la investigación musical,
sino que falta interés por investigar; no aparecen propuestas de
investigación". Resulta elocuente el hecho de que la única
biografía de Ismael Rivera auspiciada por el ICP, sea de la autoría de
un mexicano. Una ventana de esperanza se ha abierto con los recientes
libros del Lic. Pedro Malavet Vega y su revista "La Canción
Popular", el libro "Salsa, Sabor y Control" del Prof.
Angel Quintero, y "La Marcha de los Jíbaros", coordinado por
Cristóbal Díaz
Ayala. Aún así, urge una investigación musical que lleve a una
lectura más afrocaribeña que afrocubana, de los ritmos latinos. Si
bien "Cuba y Puerto Rico son de un pájaro las dos alas", sin
el ala puertorriqueña esa ave musical no hubiese volado tan lejos.