Sucedió una vez, en
el transcurso de la vida, estaba enfermo con un dolor, ¡muy intenso!
En busca de mejoría, salí para ver donde me podían atender. Caminé
y caminé y al final de la calle vi un letrero que decía
"Consultorio Celestial". Decidí entrar de inmediato pues mi
dolor era cada vez más intenso. Entré por una puerta blanca muy
grande. Luego de dar un vistazo a mi alrededor noté que por todas
partes se paseaban una gran cantidad de Angeles. Entre ellos, estaba
el Angel recepcionista cuyo teléfono llevaba inscrito la palabra
Oración y el número de este teléfono era Jeremías 33:3. Junto a
él estaba la sala de curas donde un ángel le decía a la enfermera:
"A este paciente hay que ponerle una dosis de Amor, pues su Alma
no Ama". Justo enfrente estaba la sala de enfermos a los que se
le aplicaban inyecciones diferentes como de: Insulina de Perdón,
Acetaminofé de paciencia, entre otras. Remedios diversos dependiendo
de la enfermedad.
Por mi parte estaba tan agotado que ya no resistía. Al verme uno
de los Angeles me preguntó: ¿Se siente bien? Le respondí que no, y
le hable del dolor agudo y fuerte que me había traído hasta esta
sala. Su reacción fue inmediata, solicitando la ayuda de otros
Angeles: ¡Rápido la camilla de emergencias! A este paciente hay que
llevarlo al médico principal... Pronto llegamos a una sala en donde
un ser de vestiduras blancas se dirigió hacia mi y me dijo: "No
temas." Entonces ordenó: "¡Rápido hay que ponerle una
dosis de Cristomicina de inmediato!" Sus órdenes fueron seguidas
al pie de la letra y el dolor que me agobiaba fue sometido. Sentí un
alivio desde lo más profundo de mi ser y finalmente ya sano sentí
una inmensa paz. Me levanté de la camilla y el médico que me salvó
me llevó hasta su consultorio diciendo: "Por recurrir a este
hospital no debes nada, sólo tienes que seguir esta receta: 'Amarás
al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu
mente, con todas tus fuerzas, y amarás a tu prójimo como a ti
mismo'". "No tienes que pagar porque yo Jesús te la regalo.
Además, te doy una muestra de mi mejor cura que se llama
'Salvación'."
"Porque los sanos no tienen necesidad de médico sino los
enfermos." ¡Dios te bendiga!