El Ferrocarril del cielo
Por Guillermo Santiago

Abuela, hace un tiempo que te fuiste en el ferrocarril del cielo. Recuerdo aquel triste día en la estación de la ÚLTIMA DESPEDIDA. Estaban todo los Santiagos reunidos esperando tu partida. Yo iba corriendo a la estación pues quería decirte adiós. Sabía en mi corazón, que con tu pasaporte vencido tendrías que partir este día. Al llegar a la entrada oí aquella triste voz: "Abuelita se nos va." Entre lágrima y dolor entré en seguida a la estación y vi la grande tristeza de mi madre. Ellos sabían el destino del tren pero no deseaban que te fueras. Me detuve a decir hola y a calmar la tristeza de mi madre que lloraba inconsolablemente. Entre palabra y palabra mi alma se desesperaba. Pues oía el anuncio retumbante por el altavoz de la estación. "¡Última llamada para despedirse de los pasajeros!" Traté y traté de decirte adiós pero no podía dejar a la familia con su tristeza y angustia. Y antes de terminar de hablar con ellos y calmar sus ánimos oí el ferrocarril partir. Corrí de inmediato hacia el tren con el corazón en la mano. No importaba cuan rápido corría el tren se alejaba apresuradamente. Finalmente, se perdió en el horizonte de mis esperanzas. Allí quedé en la vía cansado, confundido, triste, y atolondrado. No pude decirte adiós. Me pareció ver tu mano ondulando suavemente un "te veo luego, Papo". Regresé a la estación y abracé a toda la familia. Solo una alegría brillaba en mi corazón, las penas de esta vida ya no te molestarán más.

Y en este tiempo, como todos los años, me parece oír el tren regresar a la estación. Me pongo la ropa y corro como un loco cerca de la vía del tren. Espero y espero pero el tren nunca llega. Es tan solo una ilusión. Me siento a llorar en las estación con recuerdos de tiempos de niño. Recuerdos del aroma de café, de ajo y de recaíto picado. Memorias de tu voz suave y tierna cuando cantabas tus himnos. Tu voz era como un bálsamo a mi corazón en tiempos de tempestad. Espero, que cuando llegue mi tiempo y el tren pare en la estación estés en el primer vagón. Y en ese día glorioso no habrá tristeza en mi alma. Nos veremos cara a cara y en vez de decir adiós diremos: ¡Estamos juntos otra vez!

Dedicado a la memoria de Benilda que ha dejado un vacío inexplicable en mi corazón.

 


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