| Los lujos extravagantes que descubrimos en las
oficinas-apartamento de Gus Bevona, líder sindical de la 32B-32J, me hicieron pensar en
el refrán: "Uno no sabe pa' quien trabaja". Para los 55 mil obreros que
limpian, manejan los ascensores y sirven como porteros en los edificios de esta ciudad
tales comodidades están siempre del otro lado de su realidad. Con esto se ilustra lo que
muchos califican como la debacle del movimiento obrero. Los trabajadores se encuentran
ante una encrucijada. Pueden optar por perder la fe por completo en la fuerza de las
uniones o tomar las riendas del movimiento obrero en sus manos para que el poder regrese a
los unionados. El liderazgo de algunas uniones parece haberse convertido en un tercer
grupo con sus intereses particulares aparte de los trabajadores. Los líderes obreros
denuncian, con razón, las diferencias de salario en los Estados Unidos para luego
llenarse los bolsillos con salarios de seis cifras. Como Bevona -quien ganaba $422,000 al
año- estos acaparan todo lo que pueden y sus estilos de vida se parecen más a los de los
jefes a quienes critican que a los de los unionados a quienes, supuestamente, representan.
Para tirar a Bevona por la ventana, los unionados tuvieron que darle a él y sus
compinches un paracaídas de oro con un fondo de retiro y beneficios de $1.5 millones. Una
unión no puede pretender lograr en el lugar de empleo la democracia y justicia que no
existe entre sus filas. La solidaridad de clase y ocupación que llevaría a mejorar las
condiciones de trabajo de los unionados queda relegada a un segundo plano.
Hoy en día muchos optan por no pertenecer a las uniones al ver que responden a sus
intereses propios. Según un estudio del Center for Labor Research de la Universidad de
Massachusetts, el sector unionado en la empresa privada ha disminuido más de un 18% a
pesar de que el sector privado emplea un 17% más de personas durante la últimos 5 años.
Señalan que sólo un 10.3% de la fuerza obrera no-agrícola está organizada.
Los obreros pueden ejercer más presión al unísono que de manera individual. Así lo
demostraron Carlos Guzmán y Dominick Bentivegna al conseguir la renuncia de Bevona con
sus denuncias. Esperamos que a la próxima administración no le corroa el poder.
Para que abusadores como Bevona no continúen manipulando a los trabajadores el
movimiento obrero reclama por una democratización de sus sindicatos. Entre sus filas se
corre la voz a favor de la descentralización. Buscan un rol activo de la membresía en
cuanto a dónde colocar los recursos y para que los llamados líderes respondan a esas
inquietudes. Los pasos a seguir en este largo viaje incluyen la elección directa de todos
lo oficiales; votaciones secretas para autorizar huelgas y contratos; ratificación por
parte de los unionados de los acuerdos con la gerencia y el derecho a dar votos de
"no-confianza" a miembros no electos.
Participando en la unión más allá de simplemente pagar la cuota mensual el
movimiento procura volver a la idea original del movimiento laboral. Quieren asegurarse de
que saben para quien trabajan: Para ellos mismos, no para la burocracia sindical.
Puede comunicarse por correo electrónico a: arce7dias@aol.com
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