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Una tendencia ya
generalizada dentro de la industria discográfica en los últimos 15
años lo representa la reedición del catálogo musical de décadas
pasadas. Con el advenimiento de la tecnología del CD, se comenzó a
relanzar al mercado las grabaciones antes disponibles en formato de LP.
Como es sabido, el CD prometió unas cualidades de perfección y
durabilidad que, aunque resultaron no del todo realistas, al menos sí
constituyó una mejoría sobre el formato de LP (aún algunos
audiófilos resaltan la "calidez" de la música contenida en
un LP sobre la "frialdad" del CD, pero las grandes
corporaciones de tecnología habían apostado a los equipos de CD y no
hubo vuelta atrás).
Ya sea en función de géneros específicos, música étnica, o del
catálogo de grabaciones hechas por un sello particular, la reedición
de música de diversas décadas ha presentado una alternativa lucrativa
para la industria. Dicho mercado tiene dos públicos: quienes
adquirieron las grabaciones originales en LP y descartaron sus
tocadiscos, y futuras
generaciones que descubren dicha música. Los CD's que fueron
transferidos directo de cinta análoga a digital contienen una
advertencia de que el CD "puede reflejar deficiencias de la
grabación análoga original". Ante la queja de los audiófilos por
dichas
deficiencias, se creó otra necesidad muy conveniente para el mercado:
la remasterización a digital de grabaciones análogas. Ello implica la
restauración de la grabación original
bajo procesos como Sonic Solution, entre otros.
Las disqueras multinacionales reeditan sus catálogos enteros de
rock, jazz, y demás géneros no sólo en compilaciones de éxitos y
colecciones de discos múltiples (los llamados "box sets")
sino disco por disco. La atención al detalle es minuciosa y, con el
deseo de agradar a los fanáticos de tal o cual artista, se restaura el
arte de carátula, contraportada y hasta de "inner sleeve"
(N.A. -buscar traducción aquí-) y se incluyen notas al calce que ponen
en contexto histórico el trasfondo del artista y la grabación. Otro
gran ejemplo lo constituyen las recientes reediciones de vieja música
cubana. Pero en términos de la música latina y caribeña en general,
el panorama no es tan promisorio para los coleccionistas. Las
grabaciones del género de la música de tríos, de nuestros géneros
típicos y demás, en raras ocasiones gozan del beneficio de una
restauración sonora. En lugar de ser la regla, existen excepciones como
ciertos discos de Roy Brown y Haciendo Punto en Otro Son, que sí han
recibido el tratamiento adecuado para resultar del agrado
de los audiófilos en el formato de CD. La mayoría de nuestra música
fue grabada bajo
condiciones económicas precarias y limitado equipo de grabación, por
casas disqueras con poco presupuesto y que, al día de hoy, ya no
existen.
Dentro de la música afrocaribeña, se destaca un sello disquero:
Fania Records. Jerry Masucci, cofundador del sello Fania, compró los
catálogos de sellos pequeños como Alegre, Inca, Tico, y Cotique,
llegando a tener siete sellos funcionando y el más grande repertorio de
artistas latinos de la época bajo una sola compañía. Los CD's dobles
conmemorativos de Héctor Lavoe, Tito Puente, Roberto Roena y la Fania
All-Stars son buenos ejemplos de lo que se puede hacer con un catálogo
discográfico de esa magnitud, pero resulta desconcertante el descuido
mostrado hacia la reedición del catálogo de cada artista:
transferencias directas de LP a CD donde se escucha claramente el sonido
de la aguja sobre el acetato, arte de carátulas incompletos, omisión
de créditos de músicos, compositores y arreglistas, y fechas erradas
en cuanto al año en que salieron al mercado originalmente. ¿Cómo se
puede explicar la maroma cronológica de que el primer disco de Bobby
Valentín para el sello Fania, "Young Man With A Horn", esté
fechado en CD como de 1972, y un álbum posterior a ese esté fechado en
CD como de 1971? Es sabido que el primer LP de Valentín data de los
años '60.
¿Qué año? Ahí reside el problema de tal aparentemente leve fallo.
Se dificulta la preservación y constancia de la historia de un género
tan importante en la música latina del siglo 20. Al fallecer Masucci
hace unos pocos años, el valor de Fania Records fue estimado en unos 20
millones de dólares.
Actualmente, el sello Fania no incurre en gastos de producción de
artistas nuevos porque implemente no tienen. Fania se mantiene
financieramente saludable con un catálogo de discos "viejos".
¿Qué tal si se destinara presupuesto para el mejoramiento sonoro de
cada reedición de su catálogo? ¿Si se creara un departamento de
investigación histórica con personas que se dediquen a preservar lo
que se conoce, aparte de resolver ciertos enigmas de la historia de lo
que constituye un legado musical que refleja toda una época e
idiosincracia latinoamericana? Por otro lado, la constante realización
de compilaciones que resultan ser simples realineaciones de éxitos bajo
diversos títulos, como el más reciente "Golden Drops", minan
la credibilidad del sello ante los seguidores de la Salsa, y lo mismo
aplica a demás géneros manejados de la misma forma por otras
disqueras.
Uno de los gestores de la Salsa, y productor ejecutivo de muchos
proyectos de Fania Records, lo fue el pianista Larry Harlow. Este
manifiesta haberse quejado infinidad de veces sobre la situación de
información errónea en los CD's como personal de músicos, y ausencia
de notas retrospectivas. Harlow señala que algunas cintas originales se
perdieron y las copias subsiguientes se hicieron usando un cassette por
referencia. Por otra parte, algunas de las cintas originales que datan
de los '60 han perdido el óxido y ese daño (causado por un almacenaje
inapropiado) impide una restauración.
Los LP's, aún con las imperfecciones sonoras que brinda el paso del
tiempo y/o el maltrato recibidos, permite apreciar el arte de las
carátulas de Izzy Sanabria o Ron Levine, entre otros, y el enterarse de
los detalles de producción imprescindibles para los melómanos:
compositores, arreglistas, productores, músicos, y el año de la
grabación (en el caso de discos de 1972 en adelante, cuando al fin se
dignaron en consignar el año en que salían al mercado). Un buen
trabajo de restauración ciertamente sería acogido por un gran sector
que descubre o redescubre ese tesoro musical. Por mi parte, mientras
haya LP's que suenen mejor que las reediciones en CD, seguiré
recurriendo a los llamados "pulgueros" y casas de
antigüedades donde hasta por el irrisorio precio de $1 dólar, se
consiguen discos antológicos, y me doy el gusto de transportarme a la
época dorada de la Salsa.
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