Deplorable manejo de un legado musical
Por Edgardo Soto Torres
Una tendencia ya generalizada dentro de la industria discográfica en los últimos 15 años lo representa la reedición del catálogo musical de décadas pasadas. Con el advenimiento de la tecnología del CD, se comenzó a relanzar al mercado las grabaciones antes disponibles en formato de LP. Como es sabido, el CD prometió unas cualidades de perfección y durabilidad que, aunque resultaron no del todo realistas, al menos sí constituyó una mejoría sobre el formato de LP (aún algunos audiófilos resaltan la "calidez" de la música contenida en un LP sobre la "frialdad" del CD, pero las grandes corporaciones de tecnología habían apostado a los equipos de CD y no hubo vuelta atrás).

Ya sea en función de géneros específicos, música étnica, o del catálogo de grabaciones hechas por un sello particular, la reedición de música de diversas décadas ha presentado una alternativa lucrativa para la industria. Dicho mercado tiene dos públicos: quienes adquirieron las grabaciones originales en LP y descartaron sus tocadiscos, y futuras
generaciones que descubren dicha música. Los CD's que fueron transferidos directo de cinta análoga a digital contienen una advertencia de que el CD "puede reflejar deficiencias de la grabación análoga original". Ante la queja de los audiófilos por dichas
deficiencias, se creó otra necesidad muy conveniente para el mercado: la remasterización a digital de grabaciones análogas. Ello implica la restauración de la grabación original
bajo procesos como Sonic Solution, entre otros.

Las disqueras multinacionales reeditan sus catálogos enteros de rock, jazz, y demás géneros no sólo en compilaciones de éxitos y colecciones de discos múltiples (los llamados "box sets") sino disco por disco. La atención al detalle es minuciosa y, con el deseo de agradar a los fanáticos de tal o cual artista, se restaura el arte de carátula, contraportada y hasta de "inner sleeve" (N.A. -buscar traducción aquí-) y se incluyen notas al calce que ponen en contexto histórico el trasfondo del artista y la grabación. Otro gran ejemplo lo constituyen las recientes reediciones de vieja música cubana. Pero en términos de la música latina y caribeña en general, el panorama no es tan promisorio para los coleccionistas. Las grabaciones del género de la música de tríos, de nuestros géneros típicos y demás, en raras ocasiones gozan del beneficio de una restauración sonora. En lugar de ser la regla, existen excepciones como ciertos discos de Roy Brown y Haciendo Punto en Otro Son, que sí han recibido el tratamiento adecuado para resultar del agrado
de los audiófilos en el formato de CD. La mayoría de nuestra música fue grabada bajo
condiciones económicas precarias y limitado equipo de grabación, por casas disqueras con poco presupuesto y que, al día de hoy, ya no existen.

Dentro de la música afrocaribeña, se destaca un sello disquero: Fania Records. Jerry Masucci, cofundador del sello Fania, compró los catálogos de sellos pequeños como Alegre, Inca, Tico, y Cotique, llegando a tener siete sellos funcionando y el más grande repertorio de artistas latinos de la época bajo una sola compañía. Los CD's dobles conmemorativos de Héctor Lavoe, Tito Puente, Roberto Roena y la Fania All-Stars son buenos ejemplos de lo que se puede hacer con un catálogo discográfico de esa magnitud, pero resulta desconcertante el descuido mostrado hacia la reedición del catálogo de cada artista: transferencias directas de LP a CD donde se escucha claramente el sonido de la aguja sobre el acetato, arte de carátulas incompletos, omisión de créditos de músicos, compositores y arreglistas, y fechas erradas en cuanto al año en que salieron al mercado originalmente. ¿Cómo se puede explicar la maroma cronológica de que el primer disco de Bobby Valentín para el sello Fania, "Young Man With A Horn", esté fechado en CD como de 1972, y un álbum posterior a ese esté fechado en CD como de 1971? Es sabido que el primer LP de Valentín data de los años '60.

¿Qué año? Ahí reside el problema de tal aparentemente leve fallo. Se dificulta la preservación y constancia de la historia de un género tan importante en la música latina del siglo 20. Al fallecer Masucci hace unos pocos años, el valor de Fania Records fue estimado en unos 20 millones de dólares.

Actualmente, el sello Fania no incurre en gastos de producción de artistas nuevos porque implemente no tienen. Fania se mantiene financieramente saludable con un catálogo de discos "viejos". ¿Qué tal si se destinara presupuesto para el mejoramiento sonoro de cada reedición de su catálogo? ¿Si se creara un departamento de investigación histórica con personas que se dediquen a preservar lo que se conoce, aparte de resolver ciertos enigmas de la historia de lo que constituye un legado musical que refleja toda una época e idiosincracia latinoamericana? Por otro lado, la constante realización de compilaciones que resultan ser simples realineaciones de éxitos bajo diversos títulos, como el más reciente "Golden Drops", minan la credibilidad del sello ante los seguidores de la Salsa, y lo mismo aplica a demás géneros manejados de la misma forma por otras disqueras.

Uno de los gestores de la Salsa, y productor ejecutivo de muchos proyectos de Fania Records, lo fue el pianista Larry Harlow. Este manifiesta haberse quejado infinidad de veces sobre la situación de información errónea en los CD's como personal de músicos, y ausencia de notas retrospectivas. Harlow señala que algunas cintas originales se perdieron y las copias subsiguientes se hicieron usando un cassette por referencia. Por otra parte, algunas de las cintas originales que datan de los '60 han perdido el óxido y ese daño (causado por un almacenaje inapropiado) impide una restauración.

Los LP's, aún con las imperfecciones sonoras que brinda el paso del tiempo y/o el maltrato recibidos, permite apreciar el arte de las carátulas de Izzy Sanabria o Ron Levine, entre otros, y el enterarse de los detalles de producción imprescindibles para los melómanos: compositores, arreglistas, productores, músicos, y el año de la grabación (en el caso de discos de 1972 en adelante, cuando al fin se dignaron en consignar el año en que salían al mercado). Un buen trabajo de restauración ciertamente sería acogido por un gran sector que descubre o redescubre ese tesoro musical. Por mi parte, mientras haya LP's que suenen mejor que las reediciones en CD, seguiré recurriendo a los llamados "pulgueros" y casas de antigüedades donde hasta por el irrisorio precio de $1 dólar, se consiguen discos antológicos, y me doy el gusto de transportarme a la época dorada de la Salsa.


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