
Día de Muertos en Tzintzunzan
Foto por Rodolfo Betanzo |
Quizás porque las buenas
experiencias se guardan en la memoria de manera fotográfica, por no
decir como vídeo grabadora, puedo contarles de mi mejor noche de
muertos en México, la cual viví en la pequeña isla de Janitzio en el
Estado de Michoacán un primero de noviembre de 1995. No tenía idea de
la gran manifestación que resultaba la devoción a los muertos, apenas
llevaba unos meses en la Ciudad de México y gracias a Dios (o a los
muertitos) llegué a las tierras de Michoacán para vivir esta
experiencia.
Tras tomar el camión en la terminal de autobuses, mis amigas y yo
llegamos a Pátzcuaro y allí paseamos por este pequeño pueblo
pintoresco, de casitas muy bajitas, blancas y con tejas rojas. Todo
estaba muy tranquilo allí, no parecía que en la noche, estas calles
solitarias solo conducirían a la isla de Janitzio.
En la noche el clima resultó muy frío, más por el viento del lago que
por las temperaturas. Un ponche resultó para mis amigas y para mí lo
único más cercano para recordar el calor. El ponche es una bebida
preparada con frutas, en donde guayabas, canela, azúcar y otros
ingredientes hierven en agua inundando el ambiente de olores dulces. A
pesar de llevar varios abrigos encima, unos más no hubiese sobrado.
Estábamos esperando nuestro turno para poder subirnos a unas barcas
que nos llevarían a la isla de Janitzio, y para nuestra sorpresa el
espectáculo se adelantó con la presencia de un grupo de danzantes que
nos deleitaron con el tradicional baile de los viejitos. Ataviados con
máscaras, bonitos sombreros y bastones daban pequeños pasos alrededor
de un círculo y alegraban los ánimos de los que esperábamos allí por
las barcas. Nos subimos, mis amigas y yo, en lo que nos pareció algo
más folklórico que seguro, aunque al fin nos llevaría a puerto seguro
a la Isla de Janitzio. Esta pequeña isla se encuentra localizada en el
centro del lago de Pátzcuaro y parecía un gran árbol de Navidad
flotando en medio de éste.
La isla de Janitzio está adornada por angostas calles que te llevan
hasta la plaza, al cementerio y en la cima de la isla, a un encantador
parque. Allí, en Janitzio, el Día de todos los Santos es una gran
cuadro lleno de colorido. Lo pagano adorna, todavía más, lo pintoresco
de la manifestación religiosa. Grandes milagros del fenómeno del
sincretismo. La gente de México no se olvida de sus tradiciones
pre-hispánicas, pero las adornan con un halo pagano que lo hace un
tanto carnavalezco. Por la fama del lugar, especialmente para la
celebración del Día de Muertos, el lugar estaba lleno de turistas y de
nacionales que recorrían las calles en busca del cementerio.
Durante el recorrido pudimos ver la gran cantidad de puestos de venta
de comida y artesanía en donde los dueños albergaban todas las
esperanzas de hacer su domingo. También, pudimos ver las puertas
abiertas de las casas de los que allí viven, que lucían ante los ojos
de todos, los bellos altares que prepararon en su hogar. Estos altares
estaban coronados por la foto o fotos de los que honran, sus difuntos. Y
están adornados por frutas, panes, calaveritas de dulce, vasijas de
barro y todo aquello que honre a su ser querido ya fallecido. Las flores
"cempasuchitl" adornan de color naranja todos los altares; las
velas y cirios los deslumbran.
.
La visita al cementerio fue casi imposible, la cantidad de personas no
nos permitió la entrada. Tras la frustración llegamos al parque, que
se encuentra en la cima de la isla, en donde esperábamos poder dormir
algo. Llevábamos nuestros sleeping bags pero hacía tanto frío era que
mis amigas y yo decidimos caminar por la isla. Cual sería nuestra
sorpresa al ver que, como a eso de las 4 de la mañana, el cementerio se
encontraba tranquilo, adornado por las luces de la velas en las tumbas
de los muertos. El suelo estaba forrado por flores naranjas, petates y
mujeres y niños se encontraban rezándole a sus difuntos. Las campanas
no dejaron de sonar toda la noche y los niños iban cediéndole espacio
al sueño.
La noche de muertos es eso... el cementerio, las tumbas, las flores,
las ofrendas, los cantos, los rezos, las lágrimas, el frío, el calor
del sentimiento, el sincretismo evidenciado en este ritual de mujeres y
de hombres espectadores.
Toda la noche estuvimos allí haciéndole compañía a los muertos,
hasta eso de las 7 de la mañana en donde tomamos la barca que nos
llevaría de regreso a Pátzcuaro. La niebla no dejaba ver nada... el
chocolate caliente fue lo único que nos mantuvo alertas, pues el
silencio nos embriagaba y no sentíamos deseo de mencionar palabra y
romper el encanto. Luego del chocolate y de esperar que el sol de las 9
de la mañana calentara un poco, emprendimos viaje a Tzintzúnzan, un
pueblito cerca de Pátzcuaro en donde a plena luz del día vimos en las
tumbas del cementerio del pueblo los vestigios de la noche anterior.
Quizás es poco lo que puedo contar, pero si puedo decirles que es
una experiencia como pocas, es un ritual mágico, recomendable para todo
aquel que visite México para las fechas de octubre y noviembre. Les
recomiendo también visitar las páginas
www.umich/mich/cultura/noche-muertos/indice.html , www.imagen.net.mx/muertos/mindex.html
y www.acabtu.com.mx/diademuertos/
en donde podrán obtener muchísima información sobre esta
celebración, además de fotos.
Pueden comunicarse con la
autora a su correo electrónico: migdaliaumpierre@yahoo.com
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