| TENGO problemas en
recordar cuando fue la última fiesta de Noche de Brujas (o Halloween)
sana. Siempre desde muy pequeño, crecí con los cuentos de horror que
me contaban mis mayores. Recuerdo un cuento en particular en que todos
los monstruos habidos y por haber, reinarían en la faz de la Tierra
para el año 1970 (y mucho ha llovido desde entonces). Me quedaba
pensando qué papel jugaría mi familia y yo ante la llegada de tan
particular era de la humanidad.
No fue sino hasta el Día de Reyes de ese año que me sentí
aliviado de que todo era una farsa creada para mortificarme la vida.
Aunque no me lo creí más, continué pensando en las criaturas de la
noche que pudieran existir para destronar al ser humano de su trono en
este mundo. Particularmente en al llamada Noche de Brujas, la cual
siempre tuve curiosidad extrema de conocer sus orígenes y por qué
los vivos se vestían de muertos.
No tuve el privilegio de conocer personalmente, no soy inmortal ni
nada que se parezca, a los druidas (sacerdotes celtas), aquellos que
cada 31 de octubre recogían las bayas del muérdago depositado en los
troncos y en las ramas de las encinas y robles en las islas
británicas, territorio celta hace tantos siglos atrás, pero me di a
la tarea de saber un poco de ellos. Los druidas fueron parte de un
pueblo fascinante, acarreador de enriquecedoras costumbres y
tradiciones, que durante esa noche, encendían hogueras en
celebración de la prosperidad de la cosecha y en la que todo el
poblado se desbordaba en celebración tanto de hombres como de
mujeres. En las mismas, animales eran sacrificados para guardas sus
carnes y pieles ante el invierno que se aproximaba.
El pueblo en plena asamblea, encendía velas y esperaba a que los
espíritus de familiares y amigos, volvieran a nuestro plano para
visitar a sus seres queridos y uno que otro, a hacer maldades. Muchos
eran lo que previniendo tal acción de aquellos que habían pasado al
mundo de los muertos, guardaban alimento por si estaban hambrientos.
Con el pasar de los años la celebración fue cristianizada y una vez
llegada a los Estados Unidos, comercializada como algo infantil, forma
en que llega a Puerto Rico a través de nuestra relación política
con esa nación.
RECUERDO como de niño, solía vestirme de algún super héroe para
el "trickoteo boricua" y salir con mis dulces y chocolates.
Lástima que esa linda costumbre para los inocentes, haya sucumbido a
una noche en que mejor hay que encerrarse antes de evitarse un robo o
un vandalismo. Para muchos, es día de fiestar y tomar, en especial
tomar, pues no podemos olvidar que esto es parte de cualquier festejo,
día feriado, reunión, etcétera del puertorriqueño.
Hace pocos años, nuestro gobierno, a través del Departamento de
Educación, dio por terminada la costumbre que tenían nuestros
estudiantes de ir disfrazados a los planteles ese día y como también
la costumbre de tomarlo como un día de fiesta en el calendario
escolar. O sea, se acabaron los disfraces y a seguir con las clases.
Con ello, comenzó el fin de la Noche de Brujas en Puerto Rico. Y
aunque aún se aparece un vampirito que otro junto a una bruja, una
princesa y un Pókemon, son pocos los que tocan a mi puerta con el
consabido corillo de "dame chavos no maní", cada año son
menos y más chiquitos. Así que ahora sí que nadie pensará en
monstruos, por lo menos de esa índole, ya que con los que tenemos en
la calle y en la política bastan.
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