Más
bien pequeño, delgado, de irritante melena negra, a su edad, cara
arraigada por lo arriesgada, ojos oscuros (él a la oscuridad la llama
verde) brillantes de humedad sentimental, voz rasgada de vocación
colérica, aire de judío amigo de palestinos, de asombrosa lógica
durante el día y noches de frondosa calentura en las que intenta
introducir, contra toda razón, expresión de estupor por ser famoso
sin vacación, en vez de cantante de orquesta, la secreta convicción
de que, si un día amanece bueno, llegará alguien a joderlo, de que
los problemas con los que se acostó el día anterior, hay que seguir
aplazándolos, y, de que si tuviera que ir a la guerra, "sólo
podría ser prisionero".
JOAQUIN SABINA, tras veintidós
años y un día de imperdonable inspiración, cerca de trescientas
canciones de todos los géneros pero a su manera, un reciente
paréntesis argentino sin escenarios y unos ahorrillos en concepto de
derechos de amor, aún a sabiendas de que "como fuera de la casa
de uno en ningún sitio", al fin ha podido permitirse encerrarse
entre las cuatro paredes de "su casa de uno", durante nueve
largos meses, con sus veinticuatro horas de noches diarias para
regalarse el disco (perdón por la nostalgia) de su "cuarenta y
diez" cumpleaños (aparenta cuarenta y nueve).
Y ha resultado un hermoso disco, luminoso, divertido, cálido y
sombrío, "entre andaluz y manchego", que habla de mujeres
que dejan a los hombres, de hombres que dejan que los dejen las
mujeres, de mujeres a las que tienes que matar si quieres seguir
viviendo, de hombres que se visten de "purísima y oro" para
morir, de mujeres que se quedan con tu VISA (que es oro), de mujeres
que no le cobran ni a Dios, de hombres que cumplen años sin
delicadeza, de las mujeres por las que negarías el Santo Sacramento
pero que se van "donde habita el olvido" y te dejan el
corazón "cerrado por derribo".
Un disco que, hablando de hombres y mujeres (¿de qué más se
puede hablar?) te sorprende de entrada, no por lo que lo emparentó
con otros sino precisamente por lo que lo distingue: su singularidad.
Porque el que hace lo que sabe está perdiendo el tiempo, pero JOAQUIN
SABINA sabe lo que hace y no se recrea en la suerte como
sabe y torea como si siempre toreara en Las Ventanas y sabe que cada
toro tiene su faena y se cimbrea y cita desde la punta de las
zapatillas, y como si siguiera siendo novillero, se juega el corazón
en todas y cada una de las canciones.
Con unos gozosos hallazgos arguméntales y musicales, la mirada de JOAQUIN
SABINA, a veces divertida (para marcharse), a veces
desoladora (para volver), se perfila como una espada curva sobre la
galería de sus nuevos personajes (y sin embargo amigos), inventando
una realidad propia por viva, y, por viva no siempre confortable; pero
como a JOAQUIN SABINA la vida sigue ocurriendo y los
"cuarenta y diez" ya no son edad para atracar una
gasolinera, se apaña haciendo canciones, tan enfermizamente
románticas que aún se resisten a aceptar que para que una historia
de amor termine bien la única solución es que termine antes.
Que los dioses de antes, que eran griegos, le conserven la
inocencia y el humor, y, en lo que a mí respecta, me sigan
permitiendo, cada vez que lo escucho, acceder a una determinada forma
de felicidad.
Tema a tema:
AHORA QUE...: El principio de
una relación. Cuando aún es generosa y el panorama es esperanzador.
"Ahora que no te pido lo que me das
ahora que no me mido con los demás..."
19 DIAS y 500 NOCHES: Una
rumbita incontenible al servicio de un personaje entrañable,
extrovertido, golfo y mentiroso que exhibe sin sombra de pudor alguno
sus sentimientos. Una auténtica delicia de un cantante que de niño
quería ser Bambino.
BARBI SUPERESTAR: La chica más
guapa de Vallecas, de la que estaba enamorado desde el instituto,
desaparece tras la estela de una efímera fama para emerger, años
después, velada por la niebla y destruida... Menos mal que el Rayo ha
subido a Primera.
UNA CANCIÓN PARA LA MAGDALENA:
Otra emocionada declaración de amor a
"la más señora de todas las putas y a la más puta de todas las
señoras".
"Hasta el hijo de un Dios,
una vez que la vio,
se fue con ella
y nunca le cobró
la Magdalena".
Con una estremecedora música de Pablo Milanés.
DIEGUITOS Y MAFALDAS: De Tirso
de Molina a la República Argentina, tras el vuelo de la
"pollera" de una "mina". Una canción escrita en
Buenos Aires cuando corría febrero de 1998, donde el estribillo dice:
"De Gonzáez Catán" en colectivo
a la cancha de Boca mpor Laguna
va soñando 'hoy ganamos el partido'
la 'jermu' que me engaña con la luna".
A MIS CUARENTA Y DIEZ: Cumplir
años, en especial si el cambio de dígito es al 5, es algo
perfectamente serio y tan evitable que sólo puedes oponer una tenaz
resistencia. A la manera de un testamento.
EL CASO DE LA RUBIA PLATINO: Un
pequeño homenaje al cine negro en clave de rock desenfrenado:
casinos, detectives, y mujeres fatales. "Mi último tren llegaba
con retraso, así que decidí aceptar el caso de la rubia
platino".
DONDE HABITA EL OLVIDO: Una
exquisita canción de amor que congela en imágenes la experiencia de
lo que sólo fue una noche. "Por no saber decir te
necesito".
CERRADO POR DERRIBO: El final
de una relación: "Para decir 'con dios' a los dos nos sobran los
motivos". Contado con deslumbrantes imágenes sonoras.
PERO QUE HERMOSAS ERAN:
Provocadora, cáustica, misógina en apariencia, profundamente
romántica en el fondo (habida cuenta que se trata del matrimonio).
Tres mujeres: la primera te arruina, la segunda te engaña, la
tercera, encima, te da un hijo. "Pero que hermosas eran...
pedirles que me quisieran ¿no les parece que era pedirles demasiado?
DE PURISMA Y ORO:
Canción de época. Tres minutos para atrapar el aire de otro tiempo.
Una debilidad tricolor, ojalá compartible: "Habían pasado ya
los nacionales...
por Ventas madrugaba el pelotón...
al día siguiente hablaban los papeles...
de Gilda y el Atleti de Aviación".
COMO TE DIGO UNA "CO" TE DIGO LA
"O": Dos "marujas" en la playa de
Benidorm opinando sobre todo lo opinable, en una incontenible
colección de tópicos. Un "rap" construido con una
precisión de miniaturista original, divertido y verbalmente
inagotable.
NOCHES DE BODA: Hay días de
invierno en que unos se levanta tan débil, tan culpable que desea lo
mejor a su prójimo:
"Que todas las noches sean noches de boda,
que todas las lunas sean lunas de miel"
Con una, y me estoy conteniendo, inverosímil intervención de Chavela
Vargas. En dos palabras: un milagro. |